Un día en mi vida, en los últimos 11 años, se puede describir como una batalla constante contra la muerte. Sé que suena pesimista, y muy oscuro incluso. Ese es el problema supongo, que así es como yo lo percibo y por lo tanto, es como se siente y lo que creo.
Desde mi primer ataque de ansiedad, que llevó a una depresión severa, para luego dar lugar a ataques de pánico que hacían que la muerte sea muy tentadora, se me hace muy difícil al día de hoy vivir completamente libre de la sombra de ese dolor y esa carga. Es como si cada día mi primer pensamiento es "hoy puede ser el día en que vuelva a tener un ataque de ansiedad, tengo que estar atenta", y cuando ese es mi primer pensamiento, me predispongo a que eso pase, y es como si yo misma me lo causara.
Sería mucho más fácil decir que ya no lucho con eso, que después de años de buscar ayuda, y de mantener fe en Dios al fin estoy del otro lado de ese río. Pero la verdad es que aunque he tenido períodos en estos años en los que ha disminuido y he tenido buenos días, no se va por completo. Tengo que ser honesta, no puedo mentir sobre esto, no si quiero que sirva o que tenga un impacto positivo mi historia.
He estado enojada con Dios por muchos "no" que he recibido de Su parte. He estado enojada porque según yo, no merezco vivir determinadas situaciones difíciles o luchar tanto por sueños o anhelos que simplemente no llegan, mientras que para otros vienen tan fáciles. He sentido que es injusto que sea más difícil para mi. Que tenga que seguir cargando con la angustia sin sentido, con ansiedad paralizante que me ha quitado todo lo que un día se me daba fácil, como hacer amistades, tener relaciones interpersonales con otros, sentirme cómoda en lugares públicos o en caso de no estar cómoda, que sea solo una incomodidad y no me cause ataques de ansiedad que afectan mi capacidad para funcionar normalmente. Odiaba esta nueva persona que surgió luego de la ansiedad y la depresión, y culpaba a Dios.
Lo que aprendí en estos años es que Dios puede manejar nuestro enojo y nuestro dolor, puede manejar nuestras emociones y a pesar de que no tengamos control de ella, Él sigue teniendo el control de nuestras vidas, del mundo. Ese conocimiento es el punto de partida hacia la paz. Y si, la paz es posible. La libertad de la ansiedad y de la depresión es posible, pero eso no significa que nunca vamos a experimentarla. De nosotros depende NO quedarnos en ese pozo de oscuridad. Y ese es el verdadero desafío.
Seguramente al empezar a leer este post sentiste que quizás no iba a ser tan esperanzador. Y acá te voy a decir que SI hay esperanza. El problema conmigo es que me cuesta mucho ser constante en los hábitos que debo cambiar, en seguir a Dios por el camino que me guía a seguir y Él solo puede mostrarme el camino pero no me obliga a transitarlo. Si no damos el primer paso, si no tomamos la decisión correcta cada vez, entonces no le damos lugar a Dios de pelear nuestras batallas. No le entregamos nuestras dificultades y decidimos nosotros "controlar" los resultados con nuestras propias fuerzas y nuestro entendimiento.
El problema con el control es que es una ilusión. Por más que lo deteste, es así. Y aceptarlo es el primer paso hacia la paz. No controlamos muchas cosas en este mundo, no controlamos como resultan las relaciones, como van a resultar los estudios médicos, cómo van a resultar nuestros esfuerzos por alcanzar nuestras metas terrenales, o como responden otros a nuestras acciones. No lo controlamos. Y preocuparnos, o intentar resolverlo por nuestra cuenta no nos va a llevar a ningún lado, al contrario, nos va a desesperar. Sin embargo, cuando dejamos ir nuestras preocupaciones y el temor de los posibles resultados, confiando en que Dios tiene el control de todo, que ese mismo Dios en el control de todo nos ama con amor incondicional y eterno, que entregó a su hijo perfecto para que cargue con nuestro pecado, para darnos acceso a Él, para que seamos salvos, para que en esta vida tengamos una vida abundante, de paz y de esperanza, ESE Dios, nos prometió que todo lo que nos sucediera en este mundo lo iba a usar para nuestro bien.
Esto nos dice entonces, que Dios nos prometió que las tormentas y dificultades que enfrentemos no eran al azar, sino necesarias para Su voluntad en esta tierra,(eso incluye tanto nuestras vidas como las de otros muchas veces) y para que nuestra salvación no se pierda. Todo tiene propósito, e incluso las situaciones que pasamos como consecuencia de nuestros actos Dios promete usarlas para nuestro bien! Cómo no confiar completamente en nuestro Dios entendiendo la verdad en esta revelación? Cómo no entregar nuestros temores a Él cuando comprendemos Su amor por nosotros?
Yo he descubierto que los momentos en que más difícil se me hace confiar en Dios, entregar mi ansiedad y mi angustia en total rendimiento a Él, y confiar en Su amor por mi, es cuando estoy débil espiritualmente. Entonces me doy cuenta de que Dios siempre está ahí esperando por mi, pero muchas veces soy yo quién no va hacia Él, o prefiere ir a buscar ayuda en otros lados antes de confiar en el único que puede salvarme, y él único que SIEMPRE tiene el control del mundo entero en sus manos.
Hoy decido ir a Él, confiar en Él, respirar profundo y no escuchar mis emociones y pensamientos. Sino cambiar esos pensamientos por la verdad de Dios, por Su palabra, por la verdad, y creer que aunque no lo sienta aún, aunque la oscuridad me siga intentando apropiarse de mi vida, Dios no me va a dejar.
Seguiré peleando, los dias que sea necesario, aún en medio de la oscuridad, aún cuando las cosas no cambien de inmediato, porque cambiar hábitos de pensamiento y de comportamiento lleva tiempo, pero elijo hacer el trabajo de enfrentar la mentira que me dicen mis emociones a diario hasta que lo único que mi mente, mi cuerpo y alma escuchen y profesen sea la palabra de Dios y mi adoración a Él.
Oro porque me unas en esta batalla. Porque aunque lo intentamos muchas veces y caemos, siempre podemos levantarnos y seguir peleando, dejar la culpa, la vergüenza y aceptar la gracia y el amor de Dios. Ahí está la paz. Aceptemos Su amor, que ese sacrificio en la cruz no sea en vano.
Te abrazo.
Florencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario